El primero recibe el manuscrito, y antes de empezar a leerlo, aprieta el extremo de su bolígrafo (click) para empezar a corregir.
El segundo, nada más abrir el sobre, se moja el dedo con gesto compulsivo.
Uno es un escritor frustrado. Otro es un lector desaforado. Cualquiera de los dos puede publicar una gran obra.
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miércoles, 2 de diciembre de 2009
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